Peruanas cuentan su experiencia en programa dirigido a emprendedoras 

 

Mujeres migrantes del vecino país contaron sus historias, cómo se establecieron con sus negocios y la forma que la institución logró ayudarlas con herramientas digitales y capital económico. 

 

Las oportunidades, cuando se presentan, hay que tomarlas y eso fue lo que hicieron tres mujeres provenientes desde Perú y que residen hace años en la Región del Biobío para establecerse con sus familias y sus emprendimientos. Ellas formaron parte del taller digital Juntas Crecemos de Prodemu, perteneciente a la red de fundaciones de la Presidencia de la República, que encabeza la Primera Dama Cecilia Morel. 

 

Este programa tuvo a 80 mujeres participantes en el Biobío, entre ellas, Marleny Morales, Betcy Gil y Catherine Berrillos, quienes se destacan como parte de la población migrante que se unió a la oferta programática de Prodemu en tiempos de pandemia, lo que les ha permitido adquirir de herramientas digitales en temas de habilitación de su negocio, capacitación técnica para proyectar sus respectivos emprendimientos, de manera digital y con perspectiva de género. A eso se suma un capital monetario de $150 mil. 

 

Con diferentes historias, pero unidas por el esfuerzo, la perseverancia y ganas de salir adelante, estas tres mujeres provenientes desde el vecino país nos cuentan sus motivaciones para unirse a Prodemu, así como su experiencia en este taller que les permitirá seguir potenciando la venta de ropa, como en el caso de Marleny y Betcy, mientras que Catherine ha logrado establecerse en el negocio de la chocolatería y postrería, muy propio de la cocina peruana. 

 

La directora regional de Prodemu, Jessica Flores, se mostró orgullosa por estas mujeres que por diversos medios llegaron a la institución para salir adelante con sus emprendimientos, así como de los equipos de la entidad para brindar el mejor apoyo. 

  

“Hemos hecho todos los esfuerzos por llegar con nuestros programas a la gran mayoría de las mujeres que residen en nuestra región, sobre todo en este tiempo de pandemia por Covid 19. Estas tres mujeres peruanas nos demuestran que no hay barreras para surgir y, de esa forma, que sean un aporte para la comunidad. Les entregamos diversas herramientas para que sus emprendimientos sean sólidos, pero buscamos que sean empoderadas y autónomas y eso vemos en ellas”. 

 

POR UN FUTURO MEJOR 

 

Marleny Morales y Betcy Gil viven en Lebu. Ambas se conocieron en 2017 en un local de venta de ropa peruana, donde han mantenido un lazo de amistad y si bien trabajan de manera separada, tienen en común la venta de ropa. Mientras Betcy lo hace en una feria libre y por redes sociales producto del Covid 19, Marleny se instala de manera ambulante en un sector de la comuna capital de la provincia de Arauco. 

 

Proveniente desde Chimbote, en el norte del Perú, Marleny cuenta que «cuando llegué a Lebu trabajaba de vendedora en un local, trabajé por tres años, con un sueldo fijo y a raíz de la pandemia quedé cesante. Entonces, me tocó reinventarme y empecé a trabajar en lo que hago ahora, que es venta de ropa, accesorios para mujeres, calcetines y otras cosas. Me inicié vendiendo en internet y luego me dieron un lugar estable donde vender». 

 

Oriunda también del norte del vecino país, pero de Trujillo, Betcy manifestó que “cuando me vine a Lebu fue porque andaba de visita donde una tía, le ayudé con su negocio y me gustó como era la ciudad porque era tranquila para vivir, a diferencia de Antofagasta, que tiene mucha bohemia y se gastaba mucho dinero. Yo igual tenía mi trabajo como reponedora, pero el problema era que los arriendos son muy caros». 

 

La historia de Catherine no dista mucho de sus compatriotas, aunque tuvo que dar una vuelta más larga para asentarse en Concepción desde 2008, tras vivir en Santiago, Viña del Mar y con opciones de haberse radicado en Temuco. «Me gustó Concepción sin saber dónde quedaba. Me gustaba el nombre de algo de concebir, renacer, florecer. Se parece a Lima”, sostuvo. 

 

«No tenía ninguna intención de venir y quedarme, no sabía del cambio de horario, de la moneda ni del país. La única conexión que tenía es que me gustan las manzanas, el durazno, las peras y el vino», agregó. 

 

Nacida en Lima, Catherine apuntó quetengo mi emprendimiento desde 2008. Comencé con chocolatería y después hice las tortas de tres leches, el pie de limón y el dulce limeño, los cuales han sido mi carta de presentación». Así nace Dulce Amelie, marca que su hija también tiene en la capital peruana y que se debe a su única nieta. 

 

UNA GRATA EXPERIENCIA 

 

Marleny, Betcy y Catherine finalizaron el marco teórico del taller Juntas Crecemos. Cada una de ellas asegura haber aprendido bastante para dar nuevos pasos en sus respectivos emprendimientos. Con el capital de $150 mil, las dos primeras compraron ropa nueva para ofrecer a sus clientes. En tanto, Catherine adquirió un horno industrial para cocinar una mayor cantidad de dulces para ofrecer a sus clientes por redes sociales. 

 

Para ellas, no hay dudas de expresar que Prodemu les permitió dar un giro no solo en sus negocios, sino que en sus vidas. Además, destacan la existencia de la institución y sus programas debido a que en su país aseguran no contar con este tipo de espacios en beneficio de las mujeres. 

 

Betcy Gil aseguró que «en Perú no hay estos beneficios, no tenemos posibilidades. A mí me ha gustado Prodemu porque nos apoyó. A los extranjeros les digo que en Chile hay oportunidades y Prodemu es una de ellas». 

 

«Tengo una muy buena impresión de Prodemu porque no solo se trata de entregar dinero, sino de preocuparse. Le decía a mis amigas que viven en Lima que en nuestro país no hay esto», afirmó Catherine Berrillos, agregando que “he pasado la voz a unas amigas, algunas lo han tomado y han llamado a Prodemu». 

 

Finalmente, Betcy Gil sentenció que «a las demás migrantes decirles que se informen. Nosotros los peruanos no somos regodeones para el trabajo. También les digo que no pierdan la oportunidad de averiguar, tener amistades y que vayan con todo porque es una buena oportunidad, uno aprende y te deja una buena enseñanza».