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Es en el funcionamiento de la familia, la mayor de las veces inconsciente, en que se declara que las tareas de cuidado de las hijas e hijos, de los adultos mayores, de los enfermos, como también, las labores domésticas, estén radicadas en las mujeres del hogar.

La familia, cualquiera sea su conformación, es el núcleo fundamental de la sociedad. Es ahí donde se educa, se aprende, se crea conciencia. También es en ese espacio en que se instalan las creencias de lo que deben ser y hacer los hombres y las mujeres. Es en el funcionamiento de la familia, la mayor de las veces inconsciente, en que se declara que las tareas de cuidado de las hijas e hijos, de los adultos mayores, de los enfermos, como también, las labores domésticas, estén radicadas en las mujeres del hogar.

Es por eso la urgente necesidad de educar, con conciencia de género, fomentando la corresponsabilidad en las familias, insistiendo en que todos y todas los integrantes del hogar común sean partícipes de las múltiples responsabilidades que se entregan a las mujeres por el hecho de serlo.

De acuerdo al Centro de Estudios de Prodemu, un 87,3% de las mujeres se siente molesta con que el trabajo doméstico y de cuidados, el que no es remunerado, recaiga principalmente en ellas.

“En las familias existe una brecha de género profunda en la distribución del uso de tiempo de la mujer versus el hombre. Es un problema que impide a las mujeres desarrollarse en el espacio público, es transversal, no tiene que ver con el nivel de ingresos y de educación. La mujer pide que le ayuden o que le hagan un favor, lo cual depende de la voluntad de otro y no exige la responsabilidad de ese otro”, explica la Directora Nacional de Prodemu, Paola Diez, fundación que lidera la Primera Dama, Cecilia Morel.

Durante los meses de pandemia, el Centro de Estudios Longitudinales UC dio cuenta que el 38% de los hombres dedicó 0 horas de la semana a realizar tareas domésticas y que un 57% de ellos dedicó 0 horas al cuidado de niños y niñas menores de 14 años.

Si hijas e hijos ven el ejemplo de responsabilidad compartida en los hogares, aprenderán y traspasarán esta experiencia a las generaciones venideras. Es en la temprana edad en que se inculcan los estereotipos de género. “El que así sea, permitirá a las mujeres ocupar en igualdad de oportunidades que los hombres los espacios públicos y de trabajo remunerado, además avanzará en un anhelo para todas las mujeres, el poder conciliar la vida laboral, familiar y personal”, explica Paola Diez.

En Prodemu implementamos programas para hombres y mujeres que tienen a cargo niños, niñas y adolescentes, que permite educar con conciencia de género, con una mirada abierta, flexible, basada en la libertad y el respeto y no en lo que nos viene impuesto culturalmente.

“Para abordar los temas de igualdad de género es clave la participación decidida de los hombres, sin ellos no lograremos el cambio cultural necesario que impulsará a las mujeres a participar y tomar decisiones de manera libre, informada y acompañada”, explica Paola Diez.

Esta columna fue publicada el 6 de noviembre de 2020 en La Tercera

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Según la encuesta CASEN 2017, un 20,1% de las mujeres en Chile se encuentra en pobreza multidimensional, o si se quiere, 1 de cada 5 mujeres está en esta situación.

Medir la pobreza más allá de los ingresos se define como pobreza multidimensional, aquella que indaga respecto de cinco dimensiones: el acceso a la educación, la salud, al trabajo y la previsión social, a la vivienda y al entorno, entendido como el acceso a redes y la participación. Respecto a las personas que se encuentran en esta situación se considera que no tienen los elementos básicos para su desarrollo humano.

Según la encuesta CASEN 2017, un 20,1% de las mujeres en Chile se encuentra en pobreza multidimensional, es decir, 1 de cada 5 mujeres está en esta situación, más desfavorable respecto de las demás, añadiendo complejidades que no permiten mejorar su calidad de vida.

En la dimensión del acceso al trabajo, existe una brecha profunda de género debido a múltiples factores que dejan a las mujeres en posición de desigualdad. En Chile, ellas siguen siendo las principales responsables de las tareas domésticas y de cuidado. Se suma a lo anterior, que un 84,9% de los hogares monoparentales está a cargo de una mujer, las que, en su mayoría, no reciben ninguna contribución de los padres para la crianza y educación de los hijos e hijas comunes.

La situación socioeconómica que están viviendo hoy las mujeres es crítica. No se trata de que se hayan dado vuelta las estadísticas y que antes las mujeres hayan gozado de una mejor situación sino que la crisis actual ha agudizado lo que ya era un gran problema. En febrero, el Centro de Estudios de PRODEMU aplicó a 1.366 mujeres la encuesta nacional “Mujer y vida diaria 2020”, la que demostró que el aspecto económico es un elemento muy deficitario para ellas y su entorno familiar, siendo la razón principal por la cual las mujeres entre 31 y 60 años necesitan apoyo externo.

Datos posteriores confirmaron esta tendencia. En agosto, la encuesta “Bienestar general 2020” de PRODEMU, muestra que un 82% de las mujeres sufrió una disminución en los ingresos de su hogar durante la pandemia por COVID-19. Paralelo a esto, un 54% de ellas señala que ha tenido dificultades para costear los servicios básicos como el agua, la luz o el gas.

Más allá de lo económico, la encuesta de PRODEMU de octubre pasado “Miradas comunes y divergentes en torno a las autonomías de las mujeres 2020”, determinó que un 90,8% de las mujeres cree que en Chile no existe igualdad de los derechos entre hombres y mujeres. Además, un 46,8% de las mujeres encuestadas está de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación: “A veces prefiero no dar mi opinión por temor a generar conflictos y/o no ser tomada en cuenta” y, a medida que aumenta la edad de las mujeres, también aumenta el nivel de acuerdo con esta afirmación, dando cuenta de brechas en el ámbito de participación y trato igualitario percibido por las mujeres.

Estos datos manifiestan que tenemos una tarea aún muy pendiente: el reconocimiento de los derechos de las mujeres y su rol activo en la sociedad, lo que está en directa correlación con las dimensiones del acceso a las redes y la participación.

“Si sumamos la dimensión social de género a las dimensiones de ruralidad y de mujeres adultas mayores –dos grupos objetivos de trabajo para la fundación-, el índice de pobreza multidimensional aumenta significativamente, alcanzando un 44,4% en mujeres rurales con 60 años o más”, explica Paola Diez.

El trabajo que realiza Prodemu, focalizado en sus públicos objetivos – mujeres adultas mayores, rurales, migrantes, de pueblos originarios, privadas de libertad, de la pesca artesanal y mujeres feriantes- contribuye a disminuir la pobreza multidimensional de aquellos grupos de mujeres expuestas a niveles mayores de vulnerabilidad que el promedio de la población.

Esta columna fue publicada el 6 de noviembre de 2020, en La Tercera.

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PRODEMU 30 años promoviendo la autonomía y el empoderamiento de las mujeres

Con motivo de su aniversario, la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer inauguró su Centro de Estudios de Género y el Centro de Documentación y Biblioteca.

Comenzó como un voluntariado en una pequeña oficina en Santiago y hoy, tres décadas después, cuenta con sede en las 16 regiones del país y en 54 provincias, desde Putre a Tierra del Fuego. PRODEMU es la primera institución del Estado que se hizo cargo de las necesidades y la escucha de las demandas de las mujeres en Chile, a la vuelta de la democracia.

Para conmemorar y marcar un hito, Prodemu inauguró su Centro de Estudios de Género que tiene por objeto la elaboración de estudios, encuestas y recopilación de datos de las mujeres en Chile, en base a investigación y metodologías cuantitativas y cualitativas.

“Contamos con mucha información que desde 2003 se encuentra sistematizada, la que nos ha permitido conocer lo que le pasa a las mujeres de nuestro país, saber lo que viven y sienten. Prodemu ha acompañado y capacitado a más de 1.820.000 mujeres en estos 30 años. Esta institución, hoy presidida por la Primera Dama Cecilia Morel, debe reconocerse como una voz experta en materia de género”, afirma su Directora Nacional, Paola Diez.

A esta iniciativa se sumó la creación del Centro de Documentación y Biblioteca, que recopila material relevante de la historia de esta institución, además de ser un lugar abierto al público, con literatura de género, artículos y ensayos nacionales e internacionales y una colección de bibliografía sobre la mujer.

“Queremos que este espacio conserve y visibilice la enorme labor que ha realizado PRODEMU en favor del empoderamiento de las mujeres”, dice Paola Diez.

RED PARA LA AUTONOMÍA DE LA MUJER

Anualmente, Prodemu trabaja con más de 60.000 mujeres, las forma, informa, acompaña y genera redes entre ellas a través de Rutas de Aprendizaje, en ocho áreas: Desarrollo Personal, Fortalecimiento de las familias, Desarrollo de la cultura, Liderazgo social, Fortalecimiento y capacitación para Organizaciones, Capacitación para el empleo dependiente, el Emprendimiento y Emprendimiento Rural. Todas sus iniciativas se basan en generar en las mujeres conciencia de género para que relean sus historias desde ese enfoque y así avanzar en su autonomía.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer: más del 20% de las mujeres en Chile se encuentra en situación de pobreza multidimensional, con dificultades en el acceso a la vivienda, salud, educación, trabajo y redes.

“Hoy, desde Prodemu, impulsamos la Red para la Autonomía de la Mujer. Según ellas mismas, avanzar en autonomía es el primer paso para su desarrollo e iniciar sus procesos de empoderamiento”, concluye la Directora Nacional.

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Las  cifras  de los últimos estudios respecto a la baja, mes a mes, en la participación laboral femenina, son  alarmantes.  Nuestra participación en el mercado laboral (52,5% en 2019) ha retrocedido en 10 años, llegando al 41,3%. El 88% de nosotras, que ha perdido el empleo, no está buscando trabajo. Gran parte de este porcentaje, casi un 90% según la última encuesta del INE, antes de la pandemia, declaró no trabajar por razones familiares, es decir, por tareas domesticas y cuidado de personas, situación que ha empeorado con la llegada del Covid 19, donde muchas mujeres han tenido que abandonar sus puesto de trabajo por las tareas de cuidado o corren riesgo de ser despedidas por la falta de tiempo para realizar múltiples tareas 

Mientras tanto vemos como un 38% de los hombres ha dedicado 0 horas a las labores domésticas y 57% de ellos, ha destinado 0 horas a las labores de cuidado, situación que da cuenta de la exagerada falta de corresponsabilidad familiar dentro de los hogares, que no solo afecta la inserción laboral femenina, sino también la salud mental de miles de mujeres. Hoy vemos como distintas voces claman por discutir y elaborar políticas públicas para la reactivación con enfoque de género, pero las mujeres no podemos esperar a que la desigualdad siga en alza.  

En ese sentido, creo importante destacar tres factores que podrían contribuir con la inserción laboral femenina y no perder el vital avance que había tenido este durante los últimos años. En primer lugar, asegurar que los hombres cumplan con su compromiso frente a la urgente necesidad de asumir parte de las responsabilidades que les corresponde en las labores domésticas y de cuidado, educar y crear políticas de corresponsabilidad familiar y cuidado será vital para que las mujeres puedan reinsertarse en el mercado laboral y acceder a empleos de calidad.  

En segundo lugar, mientras esperamos que jardines infantiles, colegios y guarderías vuelvan a abrir sus puertas, podemos recurrir al apoyo comunitario colaborativo. Realizar turnos entre padres y madres, miembros de nuestras comunidades, permitiría que las mujeres puedan asistir al trabajo. Iniciativas como estas, rápidas de implementar, son una solución concreta y que impulsan la solidaridad. De todos modos, esta es una medida momentánea, que debiese ser remplazada por un sistema nacional de cuidados que institucionalice el cuidado de personas dependientes y fomentando la corresponsabilidad social a favor de las mujeres. 

Por último, el rol de los empleadores es otro eje fundamental.  Concederles a los padres y madres modalidades de trabajo más flexible, sin poner en riesgo sus trabajos, ni introduciendo discriminaciones salariales o flexibilidades en derechos laborales, permitirá que las mujeres puedan seguir trabajando de forma segura. 

Es urgente que empecemos a adoptar rápidamente medidas que puedan frenar el retroceso en la inserción laboral que estamos viviendo las mujeres, y que están afectando fuertemente su independencia económica y bienestar. 

Esta columna fue publicada el 17 de septiembre de 2020 en El Mostrador 

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Empoderamiento digital para enfrentar la Brecha Digital de Género

Datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dependiente de la ONU, señalan que en 2019, la brecha digital de género en el mundo fue de un 17%. La falta de infraestructura tecnológica, como computadores e internet móvil, las limitaciones financieras para su acceso, la falta de habilidades digitales y el escaso interés de muchas, han hecho que la conexión digital sea una realidad lejana para las mujeres. 

Según la encuesta nacional de marzo del Centro de Estudios de Género de PRODEMU, el 79,2% de las mujeres tiene un celular y algún tipo de conexión a internetEsto no se relaciona, necesariamente, con que tengamos las competencias para utilizarlos como herramienta que nos conecte con el espacio público en tiempos de confinamiento, para formar parte activa de redes de desarrollo, de apoyo y comercializaciónpara acceder a trabajos remunerados y participar en capacitacionespara acceder a conocimientos e información y así mejorar nuestra calidad de vida. 

Del 20,8% de mujeres que declaró no tener celular y/o conexión a internet un 84% no terminó su educación escolar, quizás que están directamente relacionadas, teniendo en cuenta que en Chile hay 5 millones de personas que no han terminado la educación escolarsegún Casen 2017. Por otro lado el 34,3% de las mujeres que no tienen celular tienen más de 60 años. Estas cifras coinciden con el 20% de mujeres en Chile que se encuentra en situación de pobreza multidimensional y que postpandemia aumentará, sin duda.  

La transformación hacia una sociedad digitalizada ya venía instalándose pero hemos visto cómo se ha acelerado con la pandemia. La brecha digital de género en Chile es una cifra abordable, es posible de reducir, por lo que debemos tomar medidas rápidas e instalar políticas públicas para avanzar en digitalización escalables y atingentes a la urgencia que hoy y en el futuro viviremos.  

Ser mujer, estar en situación de vulnerabilidad y no estar digitalizada será una de las desigualdades más profundas en nuestra sociedad si no nos comprometemos en solucionarlo.  

Esta columna fue publicada el 25 de julio en Cooperativa. 

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COLUMNA DE OPINIÓN: LA VOZ DE LAS MUJERES

Hace ya más de dos meses que conocimos las cuarentenas, el toque de queda, los cordones sanitarios, las mascarillas. Vivimos las restricciones a nuestras habituales libertades que hoy se extrañan tanto. Los efectos secundarios calan profundo en la sociedad chilena. La falta de trabajo y recursos, el deterioro de la salud mental, el aumento en la violencia intrafamiliar, la constatación del hacinamiento que viven tantos, la soledad, el dolor y el hambre.

En PRODEMU quisimos, desde el inicio de la pandemia, conocer la situación de las mujeres. Ideamos una red de teléfonos, operados por nuestros profesionales y desde nuestra base de datos, comenzamos a llamarlas, por su nombre. A través de una íntima conversación, con preguntas respecto a sus sentimientos, emociones, su situación laboral y la organización del hogar, fuimos generando una escucha de 35 minutos promedio, en que se las acompaña, apoya, contiene e informa sobre los distintos beneficios y medidas que va tomado el Gobierno. Esta experiencia inédita para PRODEMU derivó en la iniciativa ProdemuEscucha, en que las mujeres pueden llamar directa y gratuitamente al número 800364200. El impacto se ha traducido en más de 25.000 conversaciones, llegando, entonces, a más de 25.000 hogares.

Pero, ¿qué nos han contado las mujeres? El 70% de ellas señala que el miedo al contagio, la incertidumbre de qué es lo que pasará, la ansiedad y la tristeza por lo que vive nuestro país es lo que prevalece en sus sentimientos. El 66% de las mujeres señala que trabaja remuneradamente. De las independientes, la mayoría informales, el 90% declara que están muy angustiadas pues su situación laboral ha cambiado desde que se inició la pandemia y de aquellas que trabajan en forma dependiente, así lo señala el 67%, ya que han sido despedidas o sus remuneraciones han bajado.

Estas cifras no hacen más que confirmar lo que estamos viviendo. Es urgente llegar cuanto antes con recursos directos a la ciudadanía para satisfacer las necesidades más básicas, antes de que sea demasiado tarde. La pandemia nos llevará a tener que sostener una crisis económica familiar, tendremos que generar empleos de emergencia, movilizar ayuda humanitaria, y sobretodo, cambiar nuestra actitud. Esta crisis es única, en que se juega la vida de las personas y la sostenibilidad de un Chile que avanzaba hacia un cambio social y político y para no perder el rumbo, necesitamos de la voluntad y decisión de todos y todas, dejando atrás las divisiones y pequeñeces y mirar juntos hacia un Chile más justo.

Paola Diez Beringer / Directora Nacional de Prodemu

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Columna de opinión: Mujeres rurales en tiempos de crisis

Llevamos más de un mes de aislamiento, cuarentenas totales o voluntarias, cordones sanitarios y toque de queda. Hay muchas funciones que han debido seguir, a igual o mayor ritmo, por considerarse básicas o esenciales para el funcionamiento de nuestro país, las que han sido reconocidas y valoradas por la ciudadanía. En esta columna quiero relevar un oficio que pareciera invisible, el trabajo del campo chileno, el que es empujado, en su mayoría, por mujeres, quienes son las encargadas de entregarnos el abastecimiento más necesario, la alimentación que proviene de la tierra. El sector rural se ha feminizado. Los hombres estudian o trabajan en las ciudades donde las remuneraciones y oportunidades son mejores. Es la mujer rural, entonces, nuestra primera línea hoy.

El Ministro de Agricultura Walker, en una reunión con FAO, a comienzos de mes, señaló que en Chile no habrá desabastecimiento ni alza de precios de los productos del agro y se irán adoptando las medidas necesarias para mantener la oportuna distribución de los alimentos, como también, medidas para la protección de la pequeña agricultura y a la población campesina. Quienes viven en el campo, se encuentran más alejados de las grandes ciudades, sin embargo, tienen miedo e incertidumbre respecto de que el Corona Virus llegue a sus localidades porque cuentan con menos servicios, menos información, la atención médica es escasa, la población infantil es mayor, así como también, los adultos mayores, y son ellas, las mujeres rurales, las que cumplen hasta una triple jornada laboral, entre las tareas de cuidados de otros, quehaceres domésticos y las muchas ocupaciones del trabajo agrícola, ya sea en sus huertas familiares como en la comercialización de los productos que cultivan.

Pese a que las mujeres rurales enfrentan mayores dificultades para desarrollarse y avanzar, (en un 58% no han terminado la educación media) en PRODEMU desde 1992 apoyamos al año a 4.400 mujeres de los campos de todo Chile, entregándoles en un programa de tres años de duración, recursos financieros, herramientas y formación personal para iniciar un emprendimiento rural asociativo. Hoy, a falta de ferias y lugares para vender, estas mujeres se están reconvirtiendo para poder salir adelante. Muchas han comenzado a hacer reparto a domicilio, a difundir sus productos a través de redes sociales, utilizando transferencias electrónicas, lo que les ha significado ir rompiendo una de las barreras más grandes que tienen las mujeres, la brecha digital.

Los procesos de empoderamiento de estas mujeres, acompañadas por PRODEMU, sumado al aprendizaje de técnicas de manejo, gestión y trabajo en equipo, logran generar un aumento en su auto percepción y autoestima, lo que en estos momentos de crisis, es una tremenda ventaja.

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Mujeres privadas de Libertad en el marco del COVID-19

La semana pasada el Ministro de Justicia y DDHH ingresó al Congreso una propuesta de ley para conceder un indulto general conmutativo a personas condenadas y privadas de libertad en las cárceles de Chile, para que puedan terminar sus condenas bajo la modalidad de arresto domiciliario.

La iniciativa que se enmarca en la emergencia sanitaria a raíz del Covid-19 busca salvaguardar la vida y la integridad sanitaria de las personas privadas de libertad de grupos en riesgo como adultos mayores, enfermos crónicos, mujeres embarazadas y madres con hijos lactantes.

Uno de los grupos objetivo de PRODEMU han sido trabajar con mujeres privadas de libertad en las cárceles en todo Chile y que ha consistido en impartir talleres de cultura, arte, habilidades parentales y empoderamiento para su reinserción social y laboral, talleres que incorporan la perspectiva de género, en especial, el derecho de las mujeres a ser madres y a cuidar a sus hijos e hijas en un ambiente sano. Las mujeres privadas de libertad total embarazadas y que sus hijos e hijas nacen en las cárceles pueden vivir con ellos en el recinto penitenciario, en un lugar habilitado para ello, hasta que cumplan dos años de edad.

Si existe temor ante el contagio entre los y las chilenas, imaginemos a aquellas madres que están en las cárceles y que sienten que sus hijos corren peligro de enfermarse pues se encuentran sin el aislamiento que se requiere para prevenir el riesgo. El sacerdote jesuita y capellán de Gendarmería, Luis Roblero, con el cual trabajo y admiro, señaló en una entrevista este fin de semana, que si el virus ingresa a las cárceles será como ”una bomba”, atendido a las condiciones de salubridad y hacinamiento.

Quiero hacer presente que la situación delictiva de las mujeres es muy distinta a la de los hombres. Cerca de un 90% de ellas son madres y apenas representan el 10% del total de la población penal en el país. En un 45% están asociadas a delitos de microtráfico de drogas y un 21% a delitos de robos, de lo que se concluye que casi dos tercios de los delitos que ellas cometen tienen que ver con una dimensión económica y de falta de oportunidades, las que también son consecuencia de las muchas desigualdades que vivimos las mujeres, muy en especial, aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad económica y social, que las conduce a infringir la ley.

Quienes trabajamos de la mano con Gendarmería observamos diariamente que detrás de una mujer privada de libertad hay otra o muchas mujeres que están criando a los hijos e hijas de las reclusas, visitándolas y llevándoles lo que

necesitan. Mientras más larga es la condena, ellas van perdiendo su pareja, sus hijos las olvidan, pierden sus pocas pertenencias, pierden su dignidad.

Los tiempos que corren son una gran oportunidad para mirar lo que ocurre en las cárceles de hombres y mujeres, para dar urgencia a la mejora de las políticas carcelarias y sin duda, a escuchar el llamado desesperado de muchas instituciones que trabajan al interior de las cárceles, el mio propio, a la aprobación urgente del proyecto de ley ingresado por el Gobierno para enfrentar de manera humanitaria la crisis sanitaria que estamos viviendo.

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En las últimas semanas, el Covid-19 ha impactado nuestras vidas como una película que pasa frente a nuestros ojos muy rápido y que cambia a cada hora. 

También han cambiado nuestros comportamientos y formas de relacionarnos en los distintos espacios que se ven reducidos pues se han cerrado los parques, malls y todos los lugares de encuentro colectivo. 

En este contexto, avanzando hacia la cuarentena obligatoria, las personas de todas las edades debemos convivir en nuestros hogares, combinando el teletrabajo, el telestudio para los que tienen edad escolar, con juegos infantiles y siestas de los lactantes y pequeños.

Claramente es un desafío para la conciliación familiar, para llevar adelante un cambio de hábitos, un ejercicio de respeto, tolerancia y contención de las emociones que van aflorando en estas circunstancias y que hacen difícil estar juntos. 

Todo esto es una gran oportunidad para las familias. En nuestra cultura está arraigada la división sexual del trabajo, a mi juicio, la barrera más grande que tenemos las mujeres para participar de todos los espacios de nuestra sociedad. La oportunidad está en empujar este cambio cultural, instalando la corresponsabilidad familiar, usando este concepto que nos permitirá avanzar en la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. 

Aprovechar el tiempo para estrechar los vínculos de la familia a través de la comunicación es un llamado que hacemos desde PRODEMU en tiempos de crisis como la que vivimos.

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Columna de opinión: La urgente incorporación de la Mujer al Mercado Laboral

El pasado 14 de enero de 2020, el Banco Mundial informó sobre la undécima versión del estudio Mujer, Empresa y Derecho. Este mide las economías de 190 países respecto a la forma en que sus leyes y regulaciones influyen para avanzar en las oportunidades laborales de las mujeres. El valor promedio fue de 75.2 sobre 100 puntos. Chile alcanza un puntaje superior al promedio, con unos 77.5 puntos, pero por debajo al de América Latina, que tiene un promedio de 79,2 puntos.

Sin duda hemos avanzado, pero aun no es suficiente. Requerimos de la colaboración urgente de la sociedad civil, las organizaciones internacionales, las empresas y por supuesto del Estado, para aumentar la participación laboral femenina que hoy en Chile alcanza solo al 49% de las mujeres en edad de trabajar remuneradamente. El resto de ellas declaran, en un 39%, que no pueden trabajar porque están a cargo del cuidado de los hijos, de personas enfermas o de un adulto mayor dependiente y por supuesto, de las labores del hogar. Ellas trabajan y mucho, pero no obtienen ninguna remuneración por ello.

En este aspecto de nuestra cultura, Chile no ha cambiado. Existen múltiples declaraciones de buenas intenciones, pero no se traducen en un cambio en el comportamiento en las organizaciones ni al interior de las familias.

La voluntad de impulsar el cambio, está desde el comienzo del Gobierno del Presidente Piñera, en su programa de Gobierno, en las distintas iniciativas de ley y en las políticas públicas que se han implementado durante su período. La emblemática reforma al artículo 203 del Código del Trabajo presentada en agosto de 2019, más conocida como la Ley de Sala Cuna Universal, es el mejor ejemplo. Este proyecto, si llega a convertirse en ley, otorgaría el derecho a sala cuna a todas las trabajadoras, dependientes e independientes, pero aun no es prioridad del Congreso.

En la actualidad tienen derecho a sala cuna sólo las trabajadoras dependientes en organizaciones donde hay más de 20 mujeres, lo que constituye la barrera más importante de las mujeres para el ingreso al mercado laboral remunerado. Un estudio de la Consultora McKinsey señala que Chile aumentaría en un 20% su ingreso per cápita, si hombres y mujeres ingresaran al trabajo remunerado con las mismas condiciones y en el mismo número.

Por su parte, PRODEMU aporta y se compromete con la ejecución de políticas públicas de género, poniendo a disposición de las mujeres de todo Chile, un Plan de Empoderamiento que se ejecuta a través de Rutas de Aprendizaje para que ellas puedan alcanzar una autonomía integral. Este plan aborda el liderazgo social, desarrollo personal, emprendimiento rural y urbano, capacitación para el trabajo dependiente, desarrollo de habilidades parentales y corresponsabilidad en las familias, desarrollo de habilidades artísticas y culturales, y asesoramiento a organizaciones sociales compuestas por mujeres.

Un aspecto clave para el empoderamiento de las mujeres es la información de sus derechos, ya que el desconocimiento nos lleva a sufrir muchos abusos y discriminaciones en distintos aspectos de nuestra vida. Así, recorrimos todos los rincones de Chile dando a conocer y relevando los derechos que tenemos las mujeres. Acorde a lo que estamos viviendo como país y ad portas de un plebiscito para discutir si queremos o no una nueva Constitución, invitamos a todas las lectoras a participar de las Jornadas de Educación Cívica que realizaremos durante marzo y parte de abril en todo el país.

A estas alturas, se trata de un imperativo ético discutir estos temas. Es por eso que llamamos a todos y todas a sensibilizarnos y ver la urgencia de avanzar y priorizar los temas de las mujeres en todas las modificaciones legales que se encuentran actualmente en trámite legislativo, porque sólo eliminando estas barreras de género llegaremos a ser un país más justo.

Esta columna fue publicada el lunes 2 de marzo en Cooperativa.

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