Según el índice de GINI, Chile es el quinto país con menor desigualdad de América Latina con un  0,46, en que 0 es el más igual y 1 es el más desigual. Gini es la diferencia de ingresos que tiene el 10% de personas de mayores ingresos comparado con el 10% de menos ingresos. Hemos bajado estos índices pero en Chile las personas no lo sienten ni perciben de esa manera, todo lo contrario, estiman que en Chile la desigualdad ha aumentado. ¿Por qué sucede esto? Uno de los factores que índice en esta percepción tan disímil con los números que internacionalmente comparan los coeficientes de desigualdad, tiene que ver con el  mal trato o trato abusivo que las personas viven en nuestro país, concluyendo de que en buena medida, se trata de un problema cultural.

La palabra abuso se ha ido instalando en el inconsciente colectivo chileno. El trato que damos a los demás, la forma de comunicarnos, el uso del lenguaje explícito y  no verbal, la agresividad cotidiana, el poder indebido que usa el que tiene más o el que jerárquicamente está por sobre otro, el bulling. Esto no tiene que ver con los ingresos de unos y otros solamente, tiene que ver con la forma de relacionarnos, de mirarnos y tiene que ver con los límites de lo que está permitido legal y socialmente. Los límites se han ido corriendo y muchas veces, hay ausencia de ellos. Desde la relación entre hijos e hijas y los padres, la relación de los ciudadanos con la autoridad y el cumplimiento de las normas que nos rigen, la falta de autocuidado respecto a los consumos de drogas y la atención a nuestro cuerpo. Hoy todo se puede, nada está prohibido y además, es aceptado y pocos se levantan contra eso.  

La crisis social que vivimos, estimo, tiene que ver bastante con eso. El buen trato, el respeto y delicadeza se han ido perdiendo, el saludar y agradecer, la sensación y la certeza de que la propiedad de otros y la propiedad común es intocable porque se sabe el enorme esfuerzo que hay detrás, el respeto hacia el ser más profundo de cada uno, aunque seamos diferentes. Tiene que ver con la actitud, el estar atento a la necesidad del otro más que al beneficio propio, entender que vivimos en una sociedad que ha establecido reglas de funcionamiento que debemos cumplir, no eludir ni evadir y los que así lo hagan deben responder por ello, porque una sociedad sin normas no puede sostenerse.

Pero, no se nace con estos principios estructurales de funcionamiento, estos se educan, las personas nos formamos en buen trato y en el entendimiento de la sociedad y esto se inicia al interior de la familia. PRODEMU ejecuta unos de los programas más exitosos de su oferta programática. El Programa Corresponsabilidad y Habilidades Parentales, que mediante talleres en que participan hombres y mujeres que tienen a cargo niños, niñas y adolescentes, se capacitan en comunicación efectiva, resolución de conflictos, prevención de la VIF, buen trato, definición de límites y reglas en la familia, entendiendo los derechos de cada cual, roles y estereotipos de género y la familia como agente socializador y protector.

En este Programa se trabaja con 4,000 hombres y mujeres y tiene impacto indirecto en unas 12,000 persona. Para el año 2020 lo estamos fortaleciendo para llegar a mejor y a más beneficiarios, esperando poder contribuir a aliviar a muchas familias que necesitan ser acompañadas en los tiempos que corren, los que no son fáciles, más aun cuando se tiene menores a cargo. Estamos seguros que con iniciativas como esta, Chile avanzará hacia ser un país más justo, más desarrollado y de buen trato ciudadano.

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