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8 de Febrero de 2018

Agroecología: Una oportunidad para la mujer campesina.

La agroecología se desarrolla como respuesta a la necesidad de reducir el impacto ecológico en la actividad agraria. Sin embargo, debido a su naturaleza social, se ha convertido también en una oportunidad de desarrollo de los sectores más vulnerables de la población. Entre estos sectores está la mujer agrícola, a quien PRODEMU apoya a través de su convenio con INDAP con el programa Capacitación para Mujeres Campesinas, que alcanza en 2018 su tercer y último año.


La sustentabilidad es un factor importante en el contexto contemporáneo. En especial en la producción de alimentos. Se ha desarrollado una necesidad de protección de los recursos naturales y la biodiversidad.

En el caso del sector agropecuario, la sustentabilidad ha sido parte de un debate recientemente. Esto se debe a que las prácticas que hacen sostenible al sector agrario tienen un fuerte impacto ecológico. Por lo que ahora se buscan nuevos modelos de agricultura empresarial que consideren la mantención de la sanidad y los equilibrios básicos del conjunto del planeta.

Gracias a esta conciencia ecológica es que se desarrolla la agroecología. La base de esta iniciativa es reajustar la actividad agrícola para que pueda funcionar sin entrar en conflicto con los espacios naturales. Ya que involucra a todo es sistema agrario, no es un proceso simple, ni se le puede reducir a una única función cardinal.

Por ello es que tiene varios fundamentos, que deben aplicarse en más de un área a la vez. En primer lugar, considerar las bases culturales de los sistemas tradicionales. Con esta base, se optimiza el uso de recursos. Esto significa implementar altas tasas de reciclaje.

El resultado es que se crea un flujo permanente de nutrientes y disminuyen los requerimientos de insumos externos. A su vez, se estimula la diversificación de los agro-ecosistemas. Para que esto último pueda ocurrir, se debe asegurar la mejor condición de suelo. Estabilizar el contenido orgánico, sosteniendo así la fertilidad y la sanidad de los cultivos.

Lo anterior conlleva a que se incremente la interacción de los componentes del sistema. Esto tiene como ventaja el fortaleciendo de los procesos internos a través de la complementación entre ellos. También se disminuyen las pérdidas del sistema al cerrar los ciclos de agua, materia orgánica, nutrientes, etc.


Debido a la aplicación social de la agroecología, así como su facilidad para implementar técnicas previas a la industrialización, que esta no solo mejora la actividad agraria, sino que además la calidad de vida de sus participantes. Por eso es que el convenio INDAP-PRODEMU apoya directamente a la iniciativa a través del programa Capacitación para Mujeres Campesinas.

Gracias a esta moción, no solo se ha logrado introducir la agroecología en el campo chileno, sino que también ha sido una oportunidad de emprendimiento para varios grupos de mujeres. Dos de los principales ejemplos son Hortalizas Hinojosa, de Colina, y Sembradoras de Vida, de Batuco.

El primero es un emprendimiento familiar manejado por siete hermanas, su madre y dos sobrinas. Además del programa de ayuda de INDAP-PRODEMU, la fundación ayudo a la familia Hinojoza a implementar un tranque para el regadío de su huerta en 2016. Esto ha permitido estabilizar su negocio.

Aunque ya se encuentran en su tercer y último año de colaboración con PRODEMU, las hermanas planean continuar emprendiendo juntas. En noviembre de 2017, se certificaron del proyecto ‘Habilitación de productores agrícolas de la RM para la elaboración de productos de IV gama’, ejecutado por la USACH.

Gracias a todo esto, han logrado hacer ejercer su negocio de hortalizas. Ademas de vender en fresco, también han podido extenderse a productos que se envasan sanitados, que pueden durar hasta una semana. Ya que usan agroecología, Hortalizas Hinojosa no incluyen pesticidas ni aditivos. Usan exclusivamente vitaminas y fertilizantes naturales.

Recientemente están considerando incluir frutas en los productos, para poder venderlos a colegios. Para lo cual necesitan una resolución sanitaria, que aún está en proceso, junto con la formalización de su negocio.

En cuanto a las Sembradoras de Vida, fue tanto un proceso de capacitación como de desarrollo interpersonal. Por ejemplo, una de sus participantes, Anita, no era familiar con el oficio de cultivar, menos con la agroecología. Sin embargo, gracias al convenio INDAP-PRODEMU tuvo la oportunidad de aprender y trabajar en el campo. “Fue lo mejor que nos ha pasado,” dice hoy, feliz de haber tenido la oportunidad.

Los procesos agroecológicos a pesar de su amplio abarcamiento, son fáciles de implementar sin mayores recursos. Es por esto que las mujeres de Sembradoras de vida han podido adaptarse a su uso. Así también se pudo integrar a un grupo de jóvenes en situación de discapacidad. Hoy en día, este segundo grupo ve al trabajo con Sembradoras de Vida como un taller y una terapia.

Uno de ellos es Ruby, Ella hablaba y era muy reservada. A través del trabajo con Sembradoras de Vida, Ruby comenzó a relacionarse más con otras personas. Ella misma admite haber cambiado desde que comenzó. Para Ruby, más que una oportunidad de emprendimiento, fue una de desarrollo personal.