Datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dependiente de la ONU, señalan que en 2019, la brecha digital de género en el mundo fue de un 17%. La falta de infraestructura tecnológica, como computadores e internet móvil, las limitaciones financieras para su acceso, la falta de habilidades digitales y el escaso interés de muchas, han hecho que la conexión digital sea una realidad lejana para las mujeres. 

Según la encuesta nacional de marzo del Centro de Estudios de Género de PRODEMU, el 79,2% de las mujeres tiene un celular y algún tipo de conexión a internetEsto no se relaciona, necesariamente, con que tengamos las competencias para utilizarlos como herramienta que nos conecte con el espacio público en tiempos de confinamiento, para formar parte activa de redes de desarrollo, de apoyo y comercializaciónpara acceder a trabajos remunerados y participar en capacitacionespara acceder a conocimientos e información y así mejorar nuestra calidad de vida. 

Del 20,8% de mujeres que declaró no tener celular y/o conexión a internet un 84% no terminó su educación escolar, quizás que están directamente relacionadas, teniendo en cuenta que en Chile hay 5 millones de personas que no han terminado la educación escolarsegún Casen 2017. Por otro lado el 34,3% de las mujeres que no tienen celular tienen más de 60 años. Estas cifras coinciden con el 20% de mujeres en Chile que se encuentra en situación de pobreza multidimensional y que postpandemia aumentará, sin duda.  

La transformación hacia una sociedad digitalizada ya venía instalándose pero hemos visto cómo se ha acelerado con la pandemia. La brecha digital de género en Chile es una cifra abordable, es posible de reducir, por lo que debemos tomar medidas rápidas e instalar políticas públicas para avanzar en digitalización escalables y atingentes a la urgencia que hoy y en el futuro viviremos.  

Ser mujer, estar en situación de vulnerabilidad y no estar digitalizada será una de las desigualdades más profundas en nuestra sociedad si no nos comprometemos en solucionarlo.  

Esta columna fue publicada el 25 de julio en Cooperativa.